En las últimas semanas se han oído voces que discuten sobre las opciones que tienen las democracias del mundo para frenar la matanza siria. Sin embargo, se ha hablado menos sobre las opciones que le quedan a El Asad. Ya es demasiado tarde para acometer reformas debido a todos los asesinatos cometidos en nombre de El Asad. De haber actuado antes, quizá, él podría haber llevado a cabo una transición política en el país africano, pero hoy su crédito ante el pueblo es nulo, por lo que se tienen que barajar otras opciones. Además, El Asad, sabe que en Egipto Mubarak aceptó -a regañadientes- ciertas reformas, y delegó cierto margen de maniobra en el pueblo, lo que a la postre acabó con su hegemonía.
Debido al veto ruso y chino ante el Consejo de Seguridad parece imposible una intervención extranjera en territorio sirio. Sin embargo, esto podría cambiar algún día, al igual que el apoyo al régimen por parte de las Fuerzas Armadas sirias. Existe la posibilidad de que Rusia levante el veto una vez pasen las elecciones rusas del 4 de marzo, pero ¿acaso sería lo más conveniente una intervención en vistas de lo sucedido en Libia?
La mejor opción para El Asad es negociar, pues el factor tiempo puede acabar volviéndose en su contra: cuanto más tiempo pase, más difícil será que las otras partes accedan a sentarse a negociar. Sin embargo, hay una cuestión que salta a la vista: ¿Con quién negociar? No hay una facción clara de oposición, por lo que no sería baladí seguir este camino. Por otra parte, negociar con fuerzas internacionales o países extranjeros sería una ardua tarea, en cuanto le exigirían mucho debido a su poca credibilidad.
Otras opciones son el exilio, (algo que sus compañeros de partido difícilmente permitirían) o atrincherarse en el poder manteniendo el régimen represivo y esperar a que vayan discurriendo los acontecimientos. De decantarse por esto, se cobrarían cientos de vidas más e hipotecaría su destino hacía un final parecido al del que era su homólogo libio, Muammar Gaddafi.
Estas son las opciones. Pocas y complicadas. El gran perjudicado es, como no, el pueblo, que agoniza con el discurrir de los días, y ve como su cabeza no hace más que prolongar este sufrimiento.
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