Mohamed Bouazizi era un joven tunecino, licenciado en Informática, a quien no le quedaba otra que ganarse la vida a través de la venta ambulante ante la falta de oportuniades.
Cuando la policía tunecina le golpeó y confiscó los objetos que pretendía vender, Bouazizi estaba hastiado de estas injusticias que se repetían a diario. En un acto impulsivo para unos, racional para otros, el joven decidió prenderse fuego a lo bonzo, lo que acabó con su vida. Con este acto en una de las calles de Sidi Bouzid, probablemente pretendió mostrar su disconformidad con las condiciones de los tunecinos, así como con la opresión policial. Sin embargo, desconocía la magnitud que su acto iba a alcanzar. Jamás hubiera imaginado hasta qué punto su respuesta iba a ser tan crucial, el detonante que iba a impulsar a la ciudadanía a mostrar su disconformidad con el régimen establecido, a través de una serie de protestas y manifestaciones que a la postre desembocarían en una serie de revoluciones en diferentes países norteafricanos.
Manifestantes aclaman a Bouazizi, uno de los héroes de la Primavera Árabe
Este hecho se produjo cuando las olas del mar Mediterráneo agitaban más fuerte sobre las orillas tunecinas. El régimen dictatorial de Ben Alí cumplía ya 23 años de vigencia, bajo un contexto en el que los ciudadanos apenas recordaban qué era eso de los derechos humanos o aquello otro de vivir en libertad.
El suicidio de Bouzazi fue el acicate necesario para una población que salió a la calle, a protestar, a pedir un sistema democrático que garantizase los derechos fundamentales de todo ser humano, así como la entrada de los ciudadanos en el juego politico. Un juego que hasta entonces no conocía su versión multijugador, y que no había sido compartido por Ben Alí, y otros dictadores como Muamar el Gadafi, que movían y deshacían a su antojo, como si de una partida al Risk se tratase. Todo esto bajo el amparo de unos países occidentales que durante 23 años permitieron esta partida tan frívola, a la par que los ciudadanos veían cómo se les iba cercenando la libertad. Este beneplácito occidental, el cerrar los ojos a cambio de váyase a saber usted que favores, sirvió para fortalecer grandes amistades como la del señor José María Aznar con el dictador libio Gadafi, o como la de nuestra cabeza de Estado, el Rey Don Juan Carlos con el que era su homólogo marroquí Hassan II.
Cartel propagandístico que insta a la revolución
Lo más característico de esta revolución tunecina, que luego se extendería por otros países, es que se trataba de la primera revolución que nacía del pueblo, en busca de un nuevo sistema de carácter democrático. Antes estos movimientos siempre se habían propagado a raiz de maniobras militares, a través de los golpes de Estados, lo que hace intuir que las cosas han cambiado.
Los miembros de este blog comprendemos que el papel de los medios de comunicación ha sido clave a la hora de informar y propagar estas revoluciones; la Primavera Árabe, como ellos mismos se han encargado de bautizar. Han jugado un papel fundamental desde que estallara la revolución tunecina, hasta el día de hoy, con la revolución en Yemen. Por eso, nuestra intención es la creación de un rincón que recopile las noticias más relevantes sobre la Primavera Árabe que vayan apareciendo a partir de ahora en los medios impresos españoles más relevantes.
Sin embargo, este lugar no se limitará a copiar y pegar las distintas informaciones, sino que intentaremos analizar las noticias: qué es lo que la noticia quiere decir, qué está sucediendo en el lugar de la noticia, aportar contexto si fuera necesario, así como ver cómo difiere la misma noticia escrita en distintos medios. Al compararlas, veremos hasta qué punto se plasma la línea editorial de cada periódico. Por tanto, nuestra intención es dar a conocer qué es lo que realmente está pasando en estos países en vías de desarrollo: desde que estalla la revolución, hasta que cae en el olvido por los distintos medios de comunicación.