Mientras la ONU insiste en que Siria necesita la intervención extranjera para evitar una masacre, Rusia y China mantienen que no se debe interferir en lo que el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, llama “diálogo nacional sirio”. Posturas ideológicas e intereses políticos aparte, la cruda realidad es que el conflicto sirio ya se ha cobrado la vida de, al menos, cinco mil personas.
Siria lleva sumida en este conflicto desde febrero del pasado 2011, cuando se dieron las primeras protestas ciudadanas, enmarcadas dentro de las rebeliones que se estaban extendiendo por gran parte de los países árabes, especialmente en el norte de África. Las manifestaciones fueron reprimidas con dureza por el régimen del presidente, pero el impulso ciudadano estaba ya tomado y los protestantes no hicieron sino enfurecerse más. Cuando la prensa extranjera y diversas personalidades se hicieron eco de las protestas, el régimen sirio hizo un ademán de buena voluntad, al liberar a doscientos presos políticos, pero las manifestaciones continuaron y la represión se volvió cada vez más violenta. Con muchos muertos de por medio, las revueltas se extendieron por todo el país y poco a poco la espiral de violencia creció de manera imparable hasta llegar a hoy, donde el presidente sirio está utilizando toda su fuerza para atacar a sus propios ciudadanos.
Diversos organismos internacionales, como La ONU, la Unión Europea y la Liga Árabe, han condenado la violencia que sufre el país y han impuesto distintas sanciones al régimen de Bashar Al Assad, pero, de momento, se mantienen al margen de una posible intervención, esperando expectantes el desarrollo de los acontecimientos.
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