La masacre del 1 de marzo en el estadio de Fútbol de Port Said ha devuelto a Egipto su imagen más sangrienta. 79 personas muertas, y más de 1000 heridos son el resultado de la batalla campal vivida tras el enfrentamiento entre el conjunto local Al Ahly y el cariota Al Masry.
La tragedia, que ha conmocionado a la nación, ha volcado la ira del pueblo egipcio sobre las fuerzas de seguridad, en niveles mínimos de aceptación tras la caída del régimen de Hosni Mubarak. Los mismos manifestantes que hace un año consiguieron derrotar al dictador, intentan ahora presionar la Junta Militar para que abandone el poder, y adelanten las elecciones.
Los Hermanos Musulmanes, partido mayoritario entre los manifestantes, se han erguido como portavoz de estas protestas contra los militares, y afirman que la masacre de Port Said podría haberse evitado. Además, a acusan a las fuerzas de seguridad, según el diario el País, de "bloquear las puertas del estadio y de no defender a los Ultras. Siguiendo las indicaciones del régimen".
Por su parte, la Junta Militar ha negado su culpa en los acontecimientos, y según señala el diario el Mundo, acusa de estar tras la matanza a “ intereses extrangeros que mueven los hilos para desestabilizar el país”. Sin embargo, no señala cuales.
Existen tambien entre medios españoles que respaldan esta tésis. Según las declaraciones de José Cabrera, para el programa Milenio 3, hay indicios de una operación de bandera falsa perpetrada por agentes exteriores que pretenden hacer temblar el nuevo estado egipcio. El periodista apunta ademas que “testimonio recogidos entre los aficionados de Al Ahly (equipo que empezó la trifulca) presentes en el partido, aseguran que los instigadores fueron aficionados que no habían visto nunca. Además, afirman que no parecían del lugar, y que eran los más sangrientos”. El periodísta apunta como posibles culpables a radicales islamistas en la órbita de Irán.
Lo cierto es que el fútbol en egipto está muy politizado, ya desde antes de la Primavera Árabe. Según cuenta el diario ABC, "el hincha se convirtió en el pais del Nilo en la primera fuerza social que, de forma visceral, se enfrentaba a menudo a las fuerzas del viejo régimen. Para muchos egipcios, el fútbol es una auténtica religión. Sobre todo, desde el año 2006, cuando el equipo nacional ganó su primera Copa de África". Según aseguró el director del estadio Port Said, Mohamed Yunis Saad en este mismo medio, “Toda la semana pasada los hinchas del Masri y del Ahli se fueron calentando en las redes sociales. Aparecieron muchos mensajes amenazadores en Facebook, pero las policía los ignoró por completo”.
Este nuevo episodio sangriento constituye la ultima zancadilla a pueblo egipcio, que ve cada día más lejos a normalidad, y que se siente dividido por la debilidad de sus instituciones. Una situación que no se esperaba poco después de que se cumpliese un año de la caída del dictador, y que pone seriamente en jaque a los militares egipcios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario