lunes, 5 de marzo de 2012

¿Revolución en Hamás?

El mundo árabe asiste a un lavado de cara a un ritmo trepidante, mientras sus líderes tratan de jugar sus propias cartas. A la vista de lo ocurrido en diferentes países, y fijándose muy especialmente en Egipto, Libia y Siria, los dirigentes han tomado posición en los conflictos, con el objetivo de mantener a toda costa sus propios intereses; aún cuando en el camino se dejen de lado a históricos aliados.

Tal es el caso de la sorprendente postura adoptada por el grupo palestino Hamás. Islamista radical y de un marcado carácter beligerante, se erigía, junto a Hezbolá, en puño de hierro de Ahmadineyad contra Israel. Sin embargo, ya en julio del año pasado, las tensiones entre el grupo gobernante en la Franja de Gaza y el régimen iraní comenzaron a tomar un cariz más dramático y plausible. En dicho mes, Irán suspendió las ayudas a Hamás. El motivo, la negativa del máximo dirigente de Hamás a organizar actos en apoyo a Bachar el Asad. Lo que en su día juntó la aparición de Israel y las guerras consecuentes, lo comenzó a separar la revolución siria. El otrora aliado ahora se encara con el ya casi último amigo de Irán en Oriente Medio; la Siria de El Asad.

Pero la postura de Hamás no es de ningún modo casual. El actual líder del grupo, Jaled Meshal, ya ha venido anunciando un cambio en la organización. Interrupción de la actividad armada y reconocimiento del actual Estado israelí. Una auténtica revolución interna. Aires de cambio en Hamás que, por otra parte, también se evidenciaron en elacuerdo adoptado con Fatah para la formación de un gobierno de unidad para Palestina.

La enemistad declarada por Hamás al régimen sirio no debería, sin embargo, ser sorprendente. La connivencia con la que el grupo palestino miraba a los Hermanos Musulmanes (orden denostada en Siria) sirve como muestra.  Además, el ‘rival’ de Irán en la lucha por la hegemonía en el mundo árabe (de carácter religioso, principalmente), Arabia Saudí, ha abogado a lo largo de los últimos años por la reconciliación entre las dos fuerzas palestinas, provocando que Ahmadineyad perdiera apoyo en su empeño para acabar con Israel.

Sin embargo, existen aún voces dentro de Hamás que insisten en la neutralidad del grupo palestino frente a lo acontecido en Siria.

Ahmadineyad, ¿solo?

De encontrarse con Hamás como nuevo enemigo, Irán vería cómo va quedándose cada vez más sólo en el intrincado panorama de Oriente Medio y, como consecuencia, en el mundo. La milicia Hezbolá, a diferencia de Hamás, ha optado por mantenerse fiel al régimen sirio. Sin embargo, ante una hipotética caída del actual gobierno sirio –alauí; facción chií-, y la posible llegada al poder de los suníes -mayoría en dicho país-, provocaría el aislamiento del sátrapa iraní en su propia zona.

Así pues, Washington y Tel Aviv pueden encontrar el panorama perfecto para acabar con el régimen de Ahmadineyad, y librarse así de su peor enemigo (a nivel estatal) en Oriente Medio. Quién sabe si la influencia de Irán sobre la “liberada” y mayoritaria población suní en Iraq puede acabar resultando en un nuevo aliado para su lucha por la hegemonía. Pocos imaginaron que tal cosa podría ocurrir como resultado de la invasión norteamericana en Iraq.     

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