Decenas de personas murieron en Siria mientras Kofi Annan, enviado por
las Naciones Unidas y la Liga Árabe, se reunía con el presidente sirio
Bashar Al-Assad. Annan se mostró optimista tras hablar con Assad, sin
embargo, ve muy difícil lograr un alto al fuego. Dos valoraciones que
parecen contradictorias entre sí.
El ejercito sirio atacó la
ciudad rebelde de Idleb a pesar de que su presidente se encontraba
reunido con un enviado internacional, buscando, en teoría, una solución a
la violencia. En torno a 8.000 personas han muerto ya desde que
empezara la revuelta hace un año y, de momento, no parece que la crifra
vaya a quedarse ahí, por mucho diálogo que se busque desde la comunidad
internacional.
Annan no ve posible alcanzar un acuerdo político
sin detener antes la violencia, pero parece difícil que se acabe el
horror si no se busca un acuerdo, a no ser que uno de los bandos aplaste
al otro. Mientras se pide al presidente sirio que detenga los ataques
del ejército contra su propia población, Al Assad insiste en que el
diálogo es imposible por culpa de los terroristas armados, que han
provocado la desestabilización del país.
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